"A PROPOSITO DE ESPACIOS EMERGENTES"
Son varios los elementos los que se tienen en
cuenta a la hora de evaluar una exposición en este caso no sé si sea yo el
indicado para abordar desde la critica mi propio trabajo pero habiendo
realizado o asumido todos los roles a priori no estaría demás darme el derecho
de juzgarla dentro de su propio escenario.
Comencemos de adentro hacia afuera, desde el
hecho mismo de estar hay en medio de la gente (publico) con muy pocos sabiendo
de quien era el trabajo y quién era yo. Quien era? Quien fui yo esas dos noches
de puertas abiertas en un sitio que se
hace llamar Casamata. Pues yo era el “artista residente”, término utilizado
para describir la situación de “alguien” que es invitado a convivir y a
experimentar roles socio-culturales en un ambiente diferente a su país o
ciudad o (familia en este caso) por un breve periodo de tiempo (llámese un año
o seis meses). Yo venía de tener otro taller en el barrio San Antonio de Cali,
en el cual desarrolle mi tesis de grado y con este nuevo espacio tenía la
intención de no perder el impulso que me había dado precisamente la
investigación de la tesis.
Desde hacía 1 año y medio habitaba aquella
gigantesca casa en las colinas del barrio Juanambu (Cali). Primero tuve uno de
los cuartos del primer piso, más
exactamente el del medio el que se ve apenas uno abre la puerta para entrar a Casamata.
Allí arriba dure tal vez tres meses. A través de una ventana doble tenia vista
panorámica sobre Cali. Allí solamente trabajaba de día pues la luz natural era
buena para lo que estaba haciendo, que era buscar un norte a la obra-proyecto,
acotar materiales, tópicos, contenido, influencias etc. Desde allí también
comenzó mi relación con la cotidianidad de la casa y sus habitantes, porque
quiéralo o no, si uno reside en algún lugar tiene que entrar a formar parte de
ese submundo que habita bajo sus pies y finalmente termina convirtiéndose en
parte de la pequeña familia con la que convive, llámese perros, gatos, hombres
o mujeres.
Con los días termine trasladándome al cuarto
que da a la calle. El cuarto número uno; un lugar oscuro y lleno de polvo pero
casi igual de grande que el anterior, utilizado en otro tiempo por el dueño de
la casa también como taller de pintura. Allí me vi obligado a utilizar la luz
eléctrica pues aunque trate de modificar la persiana para que entrara mejor luz
de la calle, no fue mucho lo que logre. La luz eléctrica hizo que me interesara
trabajar de noche. Así la noche también se metió en los cuadros y el trabajo en
general. De pronto descubrí que había cuadros que funcionaban mejor o que tenían
“vida propia” solo en la noche. De día sencillamente no me interesaban. La mística
que tiene la noche es bien conocida por quien a escuchado, leído o visto la
obra de Goya o de Rembrandt. No era fácil trabajar de noche, puesto que tengo problemas
de vista y la luz eléctrica me cansa rápido los ojos.
Sin embargo hay cierta seducción en los
sonidos nocturnos y el aire se hace más fresco, estos elementos hacen que uno se relaje y mire
el tiempo de otra manera. El trabajo, con su ires y venires, se fue acumulando
y adquiriendo una especie de hilo conductor, había cuadros pequeños, medianos,
grandes, en acrílico, pinturas en aceite, acuarela, lapicero, a blanco y negro
y a color y esa variedad me gustaba.
Un día alguien que visitaba el taller me hizo
ver que tenía suficiente material como elaborar un portafolio. Entonces
inmediatamente comencé a pensar en una exposición. Forme pequeños grupos con la
obra realizada y comencé a relacionarla por materiales, tamaños y temáticas,
tratando también de incluir al espectador antes que el espacio. No quiero decir
que el espacio no fuera importante para mí, pero no era lo fundamental puesto
que ya conocía la casa y podía hacerme más o menos una idea de cómo se verían
las cosas ya montadas. (Tanto así que fueron los tres niveles de la casa los
que permitieron que mi propuesta se sostuviera por si sola ante el público, es
decir que finalmente fue la casa y su arquitectura la que permitió que se diera
ese diálogo entre el espacio, la obra y el espectador.
Por otro lado la primera intención al momento
de plantearme una exposición sobre mi trabajo, era realizar un evento que
generara varias lecturas. Es decir que la gente viniera a ver una exposición de arte y además también
pudiera presenciar el desarrollo de un trabajo en vivo. En este caso la
propuesta era el desarrollo de varios murales de la mano de jóvenes artistas de
la ciudad, (jóvenes que llevaban ya un tiempo llevando sus ideas a la calle.
Por eso se programo la exposición para dos días oficiales (jueves y viernes)
agregándole al segundo día una banda de jazz fusión con músicos del conservatorio
que también debutaban. Así la casa funcionaria como una especie de contenedor
lúdico, donde la gente pudiera relacionarse con diferentes estadios o
situaciones dentro de un mismo evento y lugar.
Volvamos ahora a la noche del viernes que fue
cuando más visitantes y críticas recibió la exposición. Algunas personas venían
para ver la realización de los murales, otros para disfrutar de la banda de
jazz y un pequeño porcentaje a ver la muestra. Yo me mezcle entre el público y
trate de relajarme con los muralistas. Sin embargo pude observar que algunas
personas realizaban el recorrido de la muestra, es decir los tres cuartos y la
sala principal, y trataban de ubicarse dentro del recorrido planteado por mí.
Algunos con los que pude hablar me contaron que les había gustado la idea de
recorrer la exposición por su propia voluntad, es decir, por ejemplo ir
descubriendo los cuartos, ver un espacio por una ventana y encontrar la
entrada. También atravesar la galería con los murales en vivo fue un plus para
la exposición, pues pronto se convirtió como en un pequeño puerto, donde la
gente hablaba con los muralistas y dejaba sus impresiones in situ también. Creo que es mejor este tipo de testimonios a que
le dejen a uno cientos de notas en un cuaderno que no dice nada. Alguien me pregunto
días después de la exposición si tuve miedo de exponer mi nombre en la
publicidad del evento o porque no me arriesgue a hacer la exposición solo, yo
le respondí que esa era mi estrategia, mi propuesta frente a los sitios
cotidianos de exposición en Cali y que aunque en un campo como el económico se
pierda, a nivel social se gana mucho, mas cuando uno aspira a ser independiente
en una escena tan sitiada como la del arte en Cali. Cambiar la mentalidad de la
gente con respecto a la escena cultural no es fácil y si toca ir de cinco en
cinco que le vamos a hacer. Uno puede pensar en “aguaita pa mi gente” y traer
un montón de gente desesperada de su realidad y mandarla borracha y cansada
para la casa, y llenarse los bolsillos en dos días, pero la cultura debe ser
algo diferente, debe ser un espacio que invite a la resocialización pero también
a la reflexión.
Edgar A. Jiménez.
Maestro en artes plásticas.

.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario