"A PROPOSITO DE ESPACIOS EMERGENTES"



Sin Filtro. (Primera exposición individual de Edgar Andrés Jiménez). (CASAMATA JULIO 2011)


Son varios los elementos los que se tienen en cuenta a la hora de evaluar una exposición en este caso no sé si sea yo el indicado para abordar desde la critica mi propio trabajo pero habiendo realizado o asumido todos los roles a priori no estaría demás darme el derecho de juzgarla dentro de su propio escenario.

Comencemos de adentro hacia afuera, desde el hecho mismo de estar hay en medio de la gente (publico) con muy pocos sabiendo de quien era el trabajo y quién era yo. Quien era? Quien fui yo esas dos noches de puertas abiertas en un  sitio que se hace llamar Casamata. Pues yo era el “artista residente”, término utilizado para describir la situación de “alguien” que es invitado a convivir y a experimentar roles socio-culturales en un ambiente diferente a su país o ciudad o (familia en este caso) por un breve periodo de tiempo (llámese un año o seis meses). Yo venía de tener otro taller en el barrio San Antonio de Cali, en el cual desarrolle mi tesis de grado y con este nuevo espacio tenía la intención de no perder el impulso que me había dado precisamente la investigación de la tesis.
Desde hacía 1 año y medio habitaba aquella gigantesca casa en las colinas del barrio Juanambu (Cali). Primero tuve uno de los cuartos del primer piso,  más exactamente el del medio el que se ve apenas uno abre la puerta para entrar a Casamata. Allí arriba dure tal vez tres meses. A través de una ventana doble tenia vista panorámica sobre Cali. Allí solamente trabajaba de día pues la luz natural era buena para lo que estaba haciendo, que era buscar un norte a la obra-proyecto, acotar materiales, tópicos, contenido, influencias etc. Desde allí también comenzó mi relación con la cotidianidad de la casa y sus habitantes, porque quiéralo o no, si uno reside en algún lugar tiene que entrar a formar parte de ese submundo que habita bajo sus pies y finalmente termina convirtiéndose en parte de la pequeña familia con la que convive, llámese perros, gatos, hombres o mujeres.
Con los días termine trasladándome al cuarto que da a la calle. El cuarto número uno; un lugar oscuro y lleno de polvo pero casi igual de grande que el anterior, utilizado en otro tiempo por el dueño de la casa también como taller de pintura. Allí me vi obligado a utilizar la luz eléctrica pues aunque trate de modificar la persiana para que entrara mejor luz de la calle, no fue mucho lo que logre. La luz eléctrica hizo que me interesara trabajar de noche. Así la noche también se metió en los cuadros y el trabajo en general. De pronto descubrí que había cuadros que funcionaban mejor o que tenían “vida propia” solo en la noche. De día sencillamente no me interesaban. La mística que tiene la noche es bien conocida por quien a escuchado, leído o visto la obra de Goya o de Rembrandt. No era fácil trabajar de noche, puesto que tengo problemas de vista y la luz eléctrica me cansa rápido los ojos.
Sin embargo hay cierta seducción en los sonidos nocturnos y el aire se hace más fresco,  estos elementos hacen que uno se relaje y mire el tiempo de otra manera. El trabajo, con su ires y venires, se fue acumulando y adquiriendo una especie de hilo conductor, había cuadros pequeños, medianos, grandes, en acrílico, pinturas en aceite, acuarela, lapicero, a blanco y negro y a color y esa variedad me gustaba.
Un día alguien que visitaba el taller me hizo ver que tenía suficiente material como elaborar un portafolio. Entonces inmediatamente comencé a pensar en una exposición. Forme pequeños grupos con la obra realizada y comencé a relacionarla por materiales, tamaños y temáticas, tratando también de incluir al espectador antes que el espacio. No quiero decir que el espacio no fuera importante para mí, pero no era lo fundamental puesto que ya conocía la casa y podía hacerme más o menos una idea de cómo se verían las cosas ya montadas. (Tanto así que fueron los tres niveles de la casa los que permitieron que mi propuesta se sostuviera por si sola ante el público, es decir que finalmente fue la casa y su arquitectura la que permitió que se diera ese diálogo entre el espacio, la obra y el espectador.
Por otro lado la primera intención al momento de plantearme una exposición sobre mi trabajo, era realizar un evento que generara varias lecturas. Es decir que la gente  viniera a ver  una exposición de arte y además también pudiera presenciar el desarrollo de un trabajo en vivo. En este caso la propuesta era el desarrollo de varios murales de la mano de jóvenes artistas de la ciudad, (jóvenes que llevaban ya un tiempo llevando sus ideas a la calle. Por eso se programo la exposición para dos días oficiales (jueves y viernes) agregándole al segundo día una banda de jazz fusión con músicos del conservatorio que también debutaban. Así la casa funcionaria como una especie de contenedor lúdico, donde la gente pudiera relacionarse con diferentes estadios o situaciones dentro de un mismo evento y lugar.
Volvamos ahora a la noche del viernes que fue cuando más visitantes y críticas recibió la exposición. Algunas personas venían para ver la realización de los murales, otros para disfrutar de la banda de jazz y un pequeño porcentaje a ver la muestra. Yo me mezcle entre el público y trate de relajarme con los muralistas. Sin embargo pude observar que algunas personas realizaban el recorrido de la muestra, es decir los tres cuartos y la sala principal, y trataban de ubicarse dentro del recorrido planteado por mí. Algunos con los que pude hablar me contaron que les había gustado la idea de recorrer la exposición por su propia voluntad, es decir, por ejemplo ir descubriendo los cuartos, ver un espacio por una ventana y encontrar la entrada. También atravesar la galería con los murales en vivo fue un plus para la exposición, pues pronto se convirtió como en un pequeño puerto, donde la gente hablaba con los muralistas y dejaba sus impresiones in situ también. Creo que es mejor este tipo de testimonios a que le dejen a uno cientos de notas en un cuaderno que no dice nada. Alguien me pregunto días después de la exposición si tuve miedo de exponer mi nombre en la publicidad del evento o porque no me arriesgue a hacer la exposición solo, yo le respondí que esa era mi estrategia, mi propuesta frente a los sitios cotidianos de exposición en Cali y que aunque en un campo como el económico se pierda, a nivel social se gana mucho, mas cuando uno aspira a ser independiente en una escena tan sitiada como la del arte en Cali. Cambiar la mentalidad de la gente con respecto a la escena cultural no es fácil y si toca ir de cinco en cinco que le vamos a hacer. Uno puede pensar en “aguaita pa mi gente” y traer un montón de gente desesperada de su realidad y mandarla borracha y cansada para la casa, y llenarse los bolsillos en dos días, pero la cultura debe ser algo diferente, debe ser un espacio que invite a la resocialización pero también a la reflexión.
Edgar A. Jiménez.
Maestro en artes plásticas.

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